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Qué procesos conviene tercerizar primero (y cuáles dejar para después)

Estrategia operativa06 · Jul · 20269 min lectura

La pregunta ya no es si tercerizar: es por dónde empezar. Y elegir mal el primer proceso es la forma más rápida de quemar una buena decisión. Esta guía ordena la secuencia con tres criterios concretos: qué delegar ya, qué preparar para una segunda etapa y qué conviene mantener adentro. Sin recetas universales, con lógica operativa.

En la mayoría de las financieras, SGRs y terminales de planes de ahorro, la discusión ya no es si tercerizar o no: es qué procesos tercerizar primero. Y esa pregunta pesa más de lo que parece, porque el primer proceso que se delega define el destino de toda la iniciativa. Si sale bien, abre la puerta para ordenar el resto de la operación con el mismo criterio. Si sale mal —porque se eligió un proceso inmaduro, sin métricas o demasiado pegado al corazón del negocio—, la conclusión interna va a ser "la tercerización no funciona". Cuando en realidad lo que falló fue la secuencia, no el modelo.

Esta guía propone un orden. No un ranking universal —cada operación tiene su historia y sus urgencias—, sino tres criterios para clasificar los procesos propios y una secuencia que en la práctica funciona: qué delegar ya, qué preparar para una segunda etapa y qué conviene mantener adentro, al menos por ahora.

Los tres criterios para decidir qué tercerizar primero

El primero es el volumen y la repetitividad. Un proceso que se ejecuta cientos de veces por semana, siempre con la misma estructura, es el mejor candidato para arrancar: el beneficio se ve rápido, la curva de aprendizaje del proveedor es corta y el resultado se puede medir sin discusiones. Un proceso que ocurre tres veces por mes, en cambio, no genera escala ni evidencia suficiente para evaluar nada.

El segundo es la claridad de las reglas. La prueba es simple: si dos personas distintas, frente al mismo caso, deberían llegar al mismo resultado, el proceso tiene reglas y es delegable. Si el resultado depende de quién lo agarra, de la memoria de alguien o de "cómo se hizo siempre", todavía no está listo —no para tercerizarse ni, en el fondo, para operarse bien adentro—.

El tercero es la distancia al diferencial del negocio. Acá conviene separar dos palabras que se confunden seguido: crítico y estratégico. Un proceso puede ser crítico —si se frena, se frena todo— y aun así no ser estratégico, porque no es donde está tu ventaja competitiva. Armar un legajo perfecto es crítico; ningún cliente te elige por eso. Lo crítico-no-estratégico es justamente el territorio natural de la tercerización: necesita excelencia operativa, no tu sello.

Primera ola: los procesos que conviene delegar ya

Cruzando los tres criterios, la primera ola se arma casi sola: procesos de alto volumen, con reglas escribibles y lejos del diferencial. En el mundo financiero argentino los candidatos se repiten: la validación documental de legajos, la carga y normalización de datos, el armado y control de carpetas, la verificación de identidad y de consistencia entre documentos, el seguimiento de documentación faltante. Son tareas que consumen horas de gente formada para cosas más valiosas, y donde el error se paga caro en reprocesos o en observaciones de auditoría.

No es casualidad que sean también los procesos que más sufren la rotación: repetitivos, medibles y con poco lugar para crecer, son los puestos más difíciles de retener. Delegarlos resuelve dos problemas de una vez, el operativo y el de personal —la comparación completa está en tercerizar operaciones vs. contratar más personal—. Y son el terreno donde un proveedor especializado en análisis de riesgo y validación documental rinde desde el primer mes, porque llega con el proceso ya aprendido de otras operaciones parecidas.

Segunda ola: procesos con criterio, pero con reglas

La segunda ola son los procesos que requieren criterio, pero criterio documentable: el análisis de adherentes en planes de ahorro, la precalificación crediticia contra una política escrita, el control de calidad sobre lo que produce el propio equipo, la gestión integral de legajos con sus vencimientos y actualizaciones. No son mecánicos —hay que interpretar, cruzar, decidir—, pero la vara contra la que se decide se puede poner por escrito. Eso los hace delegables, con una condición: que la primera ola ya haya demostrado que el proveedor mide, cumple y reporta.

La condición técnica de esta etapa es la trazabilidad. Cuando se delega criterio, cada decisión tiene que quedar registrada: qué se validó, contra qué regla, quién lo resolvió y por qué. No es un lujo: ante un pedido de UIF o CNV, "lo decidió el proveedor" no es una respuesta —la que sirve es un registro auditable de punta a punta—. Ahí la tecnología del proveedor deja de ser un detalle comercial y pasa a ser un requisito: sin trazabilidad en tiempo real, la segunda ola no debería arrancar.

Qué dejar para después (y qué no tercerizar nunca)

Hay procesos que conviene mantener adentro sin culpa. La decisión final de crédito —el sí o el no con la firma de tu comité—, la relación con clientes y canales comerciales, la definición de las políticas de riesgo, el pricing: todo lo que constituye tu diferencial se queda. Un buen proveedor puede preparar el terreno —legajo completo, validado, precalificado contra tu política— para que esa decisión se tome mejor y más rápido, pero la decisión es tuya. Delegar la preparación no es delegar el gobierno, como se argumenta en tercerizar no es perder el control.

Después está la zona gris: los procesos desordenados. El proceso que vive en la cabeza de una sola persona, que cambia según el día y que nadie puede escribir, no está listo para delegarse a ciegas —tercerizar caos produce caos administrado por otro—. Pero tampoco es excusa para no hacer nada: un proveedor serio empieza justamente por ayudar a mapearlo y ponerle reglas, porque ese ordenamiento es la mitad del valor. La diferencia está en delegarlo como proyecto de ordenamiento, no como si fuera un proceso maduro.

La regla práctica

Si un proceso se puede escribir y se puede medir, se puede tercerizar. Si no se puede escribir, primero hay que ordenarlo. Y si es donde está tu diferencial, no se delega: se le libera tiempo delegando todo lo que lo rodea.

Cómo secuenciar la transición sin frenar la operación

Elegido el primer proceso, la forma de transferirlo importa tanto como la elección. Lo que funciona es un piloto acotado: un solo proceso, un alcance definido y una línea de base medida antes de arrancar —tiempo de ciclo, tasa de error, costo por legajo procesado—. Sin ese "antes", el "después" es opinable, y las decisiones de tercerización no pueden ser opinables. Durante las primeras semanas conviene una corrida en paralelo: el proveedor procesa, el equipo interno verifica una muestra, y las diferencias se discuten con casos concretos sobre la mesa.

Con el piloto validado, la ampliación sigue la misma lógica de olas: más volumen del mismo proceso primero, procesos vecinos después. Es el momento en que el modelo empieza a mostrar su otra ventaja, la financiera: cada proceso que pasa al esquema tercerizado convierte un costo fijo de estructura en un costo variable que acompaña el volumen. Y el equipo que se libera no se va: se reasigna a la segunda ola, a controlar mejor y a las tareas donde el criterio propio vale de verdad. Cómo se arma la contraparte del proveedor para cada etapa está desarrollado en cómo se diseña un equipo BPO a medida.

Antes de elegir: las preguntas que ordenan

Si tenés varios candidatos y no sabés por cuál arrancar, estas preguntas suelen resolver la discusión en una reunión:

Siete preguntas para elegir el primer proceso a tercerizar

  • ¿Cuántas veces por semana se ejecuta este proceso? ¿El volumen justifica el cambio?
  • ¿Podés escribir sus reglas en una página, de forma que dos personas lleguen al mismo resultado?
  • ¿Tenés medido cuánto cuesta hoy —en horas, errores y reprocesos—, o solo una sensación?
  • ¿Es crítico para operar, o es donde está tu diferencial competitivo? ¿Estás seguro de que no confundís las dos cosas?
  • ¿Cuánta gente formada está atrapada en este proceso en lugar de estar donde aporta criterio?
  • ¿Qué pasa si la persona que lo conoce renuncia mañana?
  • ¿El proveedor puede mostrar este mismo proceso funcionando en otra operación comparable?

Las respuestas suelen señalar al mismo lugar: el proceso de alto volumen que todos conocen, que nadie quiere hacer y que hoy nadie mide. Ese es el primero.

En éxodo bpo este orden no es teoría: es como arrancamos cada operación. Empezamos por la primera ola —validación documental, carga, armado de legajos, desde análisis de riesgo hasta operaciones a medida—, medimos contra la línea de base y recién después conversamos la segunda. Pero más allá de con quién lo hagas, la recomendación es la misma: no empieces por el proceso más grande ni por el más doloroso. Empezá por el que puedas escribir, medir y verificar. El resto de la secuencia se ordena solo.

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